Referendum Estatuto de Cataluña 1931Participación: 75, 13 % del censo.
Porcentaje del Si: 99, 49%
Referendum Estatuto 1979Participación: 59, 7%
Porcentaje del Sí: 88, 15%
Referendum Estatuto 2006Participación: 49, 4%
Porcentaje del si: 73, 9%
Estos son los datos desnudos, sin revestimiento alguno de carne interpretativa. La verdad de los hechos (para los positivistas que creemos en ella). Otra cosa es la
doxa, es decir, la opinión, las diferentes visiones de los hechos, que mientras la psicología y la sociología no sean ciencias duras al estilo de la física, serán infinitas, caprichosas, emocionales, inciertas, relativas.
Ahí va mi
doxa, única e intrasferible, con la que pudorosamente voy a revestir el triste esqueletito de hechos con la que he abierto este post:
En 1931, Catalunya salía de una dictadura (la de Primo). Catalunya no tenía ningún tipo de reconocimiento político (aunque sí, económico, que siempre lo ha tenido: su economía fue siempre protegida con mimo por los distintos gobiernos centrales, ya que de ella dependía que España no perdiera definitivamente el tren rabioso de la modernidad). El Estatuto de 1932 iba a suponer ese inédito reconocimiento político. Obsérvese la participación: 99 %, y el porcentaje de sies: 75%!. Eran otros tiempos.
En 1979, época en la que -al igual que en 1931- la política era poco menos que una pasión popular, y tras la gran manifestación de 1977 (
Llibertat, Amnistia, Estatut d´Autonomia, que presuntamente movilizó a cerca de un millón de personas), se alcanzó un importante (aunque tal vez algo decepcionante) 60% de participación y un amplísimo sí (83%, superior al de 1931). Nuevamente, Catalunya salía de una dictadura y no contaba con ningún tipo de reconocimiento político (aunque, insisto, estaba lejos de no serle reconocido, y
protegido, su peso económico).
2006. Catalunya sale de casi treinta años de gobierno autonómico con un nivel competencial superior al de casi cualquier entidad no estatal en la Europa occidental, con una presencia mínima del Estado y una libertad amplia para desarrollar las políticas culturales, educativas, linguísticas e identitarias que el
Establishment político y económico catalán ha deseado. Resultado del nuevo referendum: 49 % de participación y, tras una campaña de una suciedad desconocida en nuestro territorio, un 74% de sies.
No está mal, desde luego, el porcentaje. Han salvado la cara. Pero tras leer el editorial del director de La Vanguardia, verdadera hoja parroquial del poder político-económico de Cataluña, el
Establishment haría bien en moderar las falsas sonrisas, los brindis desconcertantes y acoger los resultados como lo que al menos hasta cierta punto son: una muy condicionada amnistía a la totalidad de una clase política.
Otra cosa: lo mejor de la jornada de ayer fueron una palabras de Maragall tras conocerse la aprobación del texto: "
con el nuevo Estatuto se ha acabado el victimismo en Cataluña". Creo que es lo mejor que le he oído en años. Pero hubiera preferido oírselo al smiling Mas que, nos guste o no, es el futuro (plomizo futuro, eso sí) que no al nietísimo, a la postre un cadáver político.